OPINIÓN

Todo lleva su proceso

columna proceso pelotari profesional
Foto: Aspe

Las próximas palabras las dedicaremos poniendo a Aitor Elordi como ejemplo queriendo dar un mensaje a ese proceso que suele necesitar un deportista profesional. 

Llevaba mucho tiempo querer escribir sobre este tema y el pelotari de Mallabia, Aitor Elordi me lo ha puesto en bandeja. En él, hemos visto que la paciencia, la confianza, el buen estado tanto física como mental tiene un impacto de muy alto grado. Es lo que necesita un deportista para que pueda llegar a lo que consideramos éxito que este también es un tema que puede ser debatible.

En nuestro amado deporte que es la pelota a mano, hemos visto durante los últimos años que este proceso no se ha podido llevar a cabo. Han llegado a competir a la categoría de los profesionales con una ilusión tremenda pero a una edad que se encuentran en pleno crecimiento y poco a poco sabiendo conocer cual es su camino, habiendo resuelto ese gran viaje que suele ser la adolescencia liderada por las hormonas, el deporte por el que se han desvivido desde niños ‘les ha traicionado’.

Cuando eran jóvenes siempre pensaban en llegar a ser como los que salían en la tele o a los que iban a ver cada fin de semana. Ese trabajo ahí está y también el gran mérito de los padres en la que su labor debe ser acompañarles en ese proceso. Nuestro deporte profesional, lleva corrompido desde hace tiempo y los méritos del deportista quedan enquistados por las ganancias o los objetivos de unos empresarios. Totalmente lícito en ese término de empresa para poder generar riqueza. Pero amigos, estamos hablando de un deporte, de una ilusión, de un entretenimiento, de un tesoro que tenemos entre manos. No debería ser un negocio a la escala que estamos viviendo.

Esos pelotaris que han llegado a lograr ese sueño de salir por televisión pero que no gozaron de su proceso salieron por la puerta de atrás. Afortunadamente, muchos de ellos, con el amor hacia nuestro deporte, han seguido jugando ya que esto es su pasión, pero otros hastiados por ver que su sueño se zafaba han terminado hartos.

El deportista necesita un progreso. Cuando empecé a jugar siendo un niño en posición de zaguero, me comentaron que en ese puesto, el mejor momento para muchos de ellos, llega entre los 29 y 30 años. ¿Cuántos pelotaris profesionales tenemos de esa edad?

Aitor Elordi es el claro ejemplo de lo que quiero dignificar con estas palabras. El de Mallabia ha podido gozar de ese progreso. Ha pasado por las diferentes etapas que tiene que pasar un deportista y a sus 26-27 años está gozando del mejor instante de su carrera (por el momento). Llegó a las semifinales del cuatro y medio, ganó el campeonato por Parejas y es finalista del Manomanista. Por tanto, no es flor de un día o que ha tenido suerte de haber pillado un buen momento de forma. Ese buen momento de forma ha sido buscado con esa evolución que ha gozado y la estabilidad que está manejando también se sitúa dentro de ese aprendizaje.

Por favor amemos más nuestro deporte y esperemos que pueda haber muchos más como Aitor Elordi. No hablo del resultado final sino de ese proceso de poder llegar a ese gran momento de forma. Muchas veces, los resultados competitivos emborronan todo el trabajo que hay detrás, pero dejemos que el propio pelotari, pueda sentir que ha llegado alguna vez a jugar a ese juego que quizás se pueda llamar como techo. Sin embargo, tened claro que el techo también se puede superar. 

Sobre el autor

Ander Millan

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