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Altuna tira de trabajo para batir a un gran Darío



Foto: Aspe

Jokin Altuna consiguió por segunda vez en su carrera profesional pisar la final manomanista al vencer a Darío por 22-15 en el Astelena de Eibar.

Dos fórmulas muy diferentes de jugar dentro de la disciplina manomanista dieron cabida en busca del pase a la final. La enorme velocidad que emplea el de Ezcaray para poder mover la pelota, principalmente con su primer golpe ante el de Amezketa que queriendo jugar con más orden, sabía lo que quería situar cada pelotazo.

El envite comenzó con parciales ya que Darío se situó 3-0, después llegó el 7-3 para Altuna pero el riojano iba a tener otra imponente tacada para situar el 10-7 cuando el campeón de hace dos años, decidió frenar. Tras un tanto con peloteo, Darío se confundió a la hora de jugarse la dejada, Altuna la captó y aquello le sirvió para coger el saque nuevamente.

Sacó una pelota sin estrenar del cestaño e hizo daño con el saque. Se situó 11-10, pero una dejada de Jokin a la chapa dio nuevamente el poder del saque a Darío que lo realizó de manera idónea aunque el pelotari que vestía de colorado la pusiese en el verde. Cabalgaron mediante otro tanto muy competido que fue para Jokin finalizando en la zaga, y les llegaron los tres minutos de descanso con el 12-11.

El físico de Darío y la velocidad de sus piernas estaban siendo plenas. Digno de elogio el estar aguantando a ese ritmo. Jokin, quiso sentarse en el banco cuando el de Ezcaray ganaba por 15-14. Una volea muy bien tirada como parada en el txoko, la rescató Jokin mediante una defensa tremenda que pasó por encima al riojano. Ese grito le dio vida a un Altuna que no lo estaba pasando nada bien.

El trabajo físico y la intensidad era grande durante la tarde en el Astelena de Eibar. El de Amezketa fue durante estos momentos quién acertó y con un 18-15 y el saque en su poder se fue al segundo descanso obligatorio. Su sangre fría le llevó a ganar ese punto con una dejada muy bien echada al ancho.

Altuna quiso insistir en endurecer los tantos y buscar pelotas altas en busca de la pared. Sabía que el trabajo iba a ser la clave y físicamente parecía estar mejor que su oponente sabiendo encontrar mejores pelotazos y sin tirar ninguna pelota. Con el 20-15, fue Darío quién paró el partido. Sin embargo, aquella base en el trabajo fue lo que le dio el choque a un Jokin que finalizó con un parcial de 8-0.

Sobre el autor

Ander Millan

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